Fortaleza
Mi fortaleza se disfraza de llanto. Está ahí, pero se quiebra cada vez que debo verte partir.
Y es que es muy difícil afrontar las circunstancias: lo hago, si, con el corazón en las manos y los ojos inundados en lágrimas; aunque debo admitir que contar además con tu fortaleza lo hace más sencillo.
Quisiera ser como vos, que aunque el nudo en la garganta te pese más, de igual forma intentás sacarme una sonrisa, intentás que olvide aunque sea por un minuto que tenemos que volver a nuestros mundos por separado.
Pero yo soy esto, sentimental e intensa, dramática y emocional. Vivo de momentos y en ellos me quiero quedar. Y quisiera quedarme siempre en aquellos en que puedo abrazarte y mimarte...
Tengo miedos, si. Estoy demasiado expuesta a vos (aunque ese no es el principal) y temo aturdirte con todo lo que me pasa por la cabeza a cada segundo, temo asustarte al manifestar todo lo que tu mera existencia supone para mí, porque la realidad es que a mí también me asusta, aunque quererte, amarte, me haga feliz.
Tenías razón: por primera vez en todo este tiempo nuestra relación fue verdaderamente palpable para mí; verte inmerso en mi mundo de todos los días lo hizo real, y me sorprendió descubrir lo mucho que necesito compartir mi día a día con vos así como también me asustó la idea de no poder hacerlo. Siento un vacío que sólo se llena cuando estoy con vos, porque lo cierto es que parte de mí ya es tuya... Para siempre.
Te extraño. No quiero desmoronarme porque te lo prometí. Por eso te escribo, porque siento que es la mejor manera que tengo de expresarme, entenderme y hacerte entender.
No me malinterpretes: quiero remarla con vos, remarla hasta que se achique esta distancia que nos separa, remarla hasta encontrarte del mismo lado y quedarme allí con vos.
Te quiero, y sé que lo voy a hacer siempre.
Esperame en la otra orilla...
Esperame en la otra orilla...
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