Frustración porteña
Cuántas veces habré mirado hacia arriba, las luces que me enceguecían, madrugadas y noches por el barrio porteño de Retiro corriendo algún tren, persiguiendo un destino incierto.
¿Qué buscás en mí, hermosa e imponente Buenos Aires? Tu ambición por las obligaciones y las corridas que tanto me frustran, que tanto me estresan.
Cuántas mañanas habré mirado hacia el horizonte a bordo del 93, anhelando estar más allá del río, deseando transportarme hacia mi segundo hogar, convencida de que del otro lado está la solución a mis problemas... Pero acá me tenés atrapada, Buenos Aires, y todavía no sé qué querés de mí.
Cuántas mañanas me levanté frustrada, pero ni bien llegaba a mis hermosos talleres del IUNA todo volvía a su lugar, me sentía pertenecer. Pero eso no funcionó, mi querida Buenos Aires, porque en tu jungla de concreto no hay lugar para los sueños de óleo y lápices 2B. No al menos que sea la dueña de una parte de vos, a menos que sea la portadora de un apellido propio de la aristocracia porteña.
Lo que queda para los que no salimos del promedio es poco y nada, mi querida Buenos Aires. Nos esforzamos día a día para ganar el peso que creemos ilusamente, algún día nos hará libres.
Sin embargo me siento encadenada entre tus edificios que tapan el sol, los mismos que hacen frente al amanecer en el río y no me permiten ver más allá, donde todavía siento que algún día seré más libre, o al menos, menos esclava. Y qué irónico me resulta sentirme tan porteña en ese barrio que me corta las alas, que obnubila mis sueños. ¿Será requisito una jornada laboral de 9 horas para vivir "felizmente porteño"?
¿Qué voy a hacer conmigo, Buenos Aires? Si no sigo la corriente voy a acabar en el suelo, pisoteada. ¿Qué voy a hacer conmigo si no supero mi debilidad y empiezo a cumplir con tus expectativas? ¿Qué voy a hacer conmigo si acaso nunca me dejás huir, si acaso nunca aprendo esta lección que tenés para mí?
¿Qué voy a hacer conmigo, Buenos Aires, tan ajena en el lugar al que siempre pertenecí?
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