Realidad
─No me insistas más ─sentenció, implacable ─. Progresaste, sí, pero sin mí.
Lo próximo que escuché fueron los ladrillos del duro paredón: la realidad cayendo poco a poco sobre mi cuerpo tendido.
Mi corazón sangrante se detuvo lentamente.
Mi corazón sangrante se detuvo lentamente.
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