Me puse a charlar con Dios

     Y me puse a charlar con Dios. No, no profeso ninguna religión, pero creo que existe alguien en algún lugar que cree en mí. Es imposible dudar de su existencia cuando se observa la naturaleza, el Universo, la perfecta sincronicidad de sucesos, el amor que llevamos dentro, tu sonrisa cuando dormís...

     Me puse a charlar con Dios porque se me agota la paciencia, porque tengo miedo de que su plan divino no te incluya, quizás nunca más, en mi vida.

     Me puse a charlar con Dios porque no sé qué hacer con toda esa música que me regalaste, que me llena el alma de amor y los ojos de lágrimas de tanto extrañarte.

     Me puse a charlar con Dios para intentar que comprenda mi punto de vista, para que ideé otro tipo de aprendizaje, en otros tiempos, en otras circunstancias que me permitan estar con la cabeza en tu pecho, pegados, bailando lentos de los 50 hasta que el vinilo llegue al final y se escuche ese sonido tan característico; y entonces nos inunde el silencio, un silencio lleno de amor, porque juntos somos uno, somos todo, un alma, una galaxia completa.

     Me puse a charlar con Dios porque Él es el único que puede ver en mi corazón y es al único que ni mi inconsciente ni mis acciones pueden engañar.

     Me puse a charlar con Dios y le juré que no existe amor como el nuestro, porque, en definitiva ¿quién sabe más de amor que Él?

     Me puse a charlar con Dios y le pedí que vea en tu corazón y guíe tu entendimiento, sane tus incertidumbres y vuelva a juntar nuestras almas.

     Me puse a charlar con Dios para que vea nuestro sufrimiento y nos acompañe en el camino de la evolución espiritual.

     Me puse a charlar con Dios para que no te suelte la mano y te guíe de regreso a mi lado...

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