Emigrar

     No sé si voy a dormir esta noche. Hoy quiero acariciar a Chuko todo el tiempo que me sea físicamente posible ya que no sé por cuánto vamos a estar separados.
     Esta semana tuve la dicha de poder ver y despedirme de todas las personas que quería. Jamás me sentí tan amada ni la pasé tan bien como estos días en los que la excusa para juntarse era mi despedida y no hubo distancia ni motivos que impidieran hacer nada. Casi maldigo tener que partir mañana.
     Afuera está por llover, para colmo es la noche más poética que existe. Todo en este lugar se está despidiendo de mí. Nada fue como esperaba y sin embargo no puedo imaginar de otra manera todos los pasos que me trajeron hasta acá.

     El día anterior a partir no se parece en nada a lo que te muestran las películas: seguís haciendo tu vida habitual y el barrio y la gente siguen igual que siempre. Hasta hace esa temperatura que odiás, el tren se atrasa y en el chino no conseguís las galletitas que querías. El mundo sigue igual que siempre, indistinto al nuevo mundo que te espera.
     Hacer la valija definitivamente es la tarea más difícil. De pronto todos tus estantes te abrazan con su vacío y los lugares que habitás carecen de la vida que vos les das, y la nostalgia es similar a la que enfrentás cuando revisás los cajones de esa casa de vacaciones para ver que no te estés olvidando de nada que puedas llegar a necesitar mientras pensás en todo lo bueno que acaba de terminar. 

     No lo puedo creer. Todavía no caigo.

     Te despedís de todo el mundo como si los fueras a ver mañana y aunque adentro tuyo sabés que quizás sigan viéndose con la misma frecuencia, una parte de vos sufre con la pérdida de la espontaneidad de un mensaje a las diez de la noche de un sábado que supone simplemente tomarse un bondi para armar una juntada, o los mates del domingo en el río un día de cuarenta grados, o la ranchada en casa una tarde en la que te sentís mal.

     Los extraño a todos y extraño todo; las palabras no me alcanzan. No quiero cerrar los ojos porque de pronto todos los años que pasé en este lugar me resultan insuficientes y necesito más. No puedo dejar ir aunque sepa que allá me esperan cosas nuevas. Emigrar no es llevarse todo, sino dejar partes de uno en cada lugar. Cuando estoy acá me cuesta horrores ir y una vez allá me cuesta horrores volver, y es que desprenderse de todo no es tan fácil como creemos en un ataque de furia, y aunque lo malo sea mucho, lo bueno es siempre mucho, mucho más.

     Somos demasiado pequeños para trascender las grandes distancias de este mundo. "Valentía" tiene para mí una nueva connotación, una que viene de la mano con sacrificar, ya que aspirar siempre a más, el deseo de experimentar, buscar el equilibrio, crecer, tener paz, supone dejar mucho de uno atrás.



     Gracias a los que me acompañaron en este camino, y que los que quedan de este lado de la orilla, aquellos de los que mi camino se bifurca, sepan que también fueron indispensables para llegar hasta acá. 

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