Nuestra despedida
Quiero registrar esto antes de que se me borre de la memoria, o empiecen a escapárseme los detalles.
... te encontrabas en tu habitación, ya habías perecido, todos éramos muy conscientes de lo que había pasado. Era todo igual, pero no estabas en la clínica sino en casa, y al lado de tu cama, en la mesa de luz que nunca usabas, había una nota que decía "Señor cardiólogo por favor no posponga más este momento". Al instante, todo retrocedía, era como una segunda oportunidad para despedirme de vos.
Estábamos solas, yo estaba acostada al lado tuyo en la cama cuidándote y te decía que no quería que te fueras, que te amaba con todo el corazón y que te iba a extrañar, que necesitaba que te quedaras conmigo. Vos negabas con la cabeza, pero no para refutar mis palabras, sino para indicarme que debías marcharte de todos modos; entonces la llamabas a mi hermana y le decías que te trajera las pantuflas, las cuales después se transformaron en una hoja de papel en la que escribiste en una lenta y pausada letra cursiva. Entrabas en paro, pero volvías. Mamá y Jesi se concientizaban de que estaba a punto de pasar. Nos mirabas con tus ojos grises mientras todas llorábamos. Yo seguía repitiéndote que no quería que te fueras pero entonces cerraste los ojos y ya no volviste a abrirlos.
Nuevamente nos quedábamos solas en la habitación, yo abrazada a vos mientras comenzabas a elevarte, quedaba como enganchada, te estaba reteniendo. Entonces descendiste, pero ya no estábamos en tu cuarto sino en la vereda de en frente de casa. Era un día de sol, la gente parecía feliz. Mamá estaba regando las plantas en el balcón mientras yo, aún abrazada a vos, miraba a nuestro alrededor. Unos chicos que volvían del colegio me miraron y se rieron, asimismo mamá desde casa me miró y dijo "ésta sigue hablando sola", con una sonrisa. Era como si nadie pudiera verte, excepto yo. Luego me miraste y me indicaste que te tenías que ir, y antes que yo pudiera empezar con mi discurso nuevamente me dijiste que siempre estarías conmigo. Te pedí que si así era, me dieras una señal cada vez que estuvieras a mi lado, como una ráfaga de viento o algo similar y entonces yo sabría que me estabas cuidando. Asentiste y me sonreíste, entonces me abrazaste y una ráfaga de viento sopló. Cerré los ojos y al abrirlos me encontraba sola...
... y sonó el despertador...
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