Mi Mejor Amigo

When you were here before,
couldn't look you in the eye.
You're just like an angel,
your skin makes me cry.
You float like a feather
in a beautiful world.
And I wish I was special,
you're so fuckin' special.

I don't care if it hurts,
I want to have control.
I want a perfect body,
I want a perfect soul.
I want you to notice
when I'm not around;
you're so fuckin' special,
I wish I was special...

Whatever makes you happy,
whatever you want,
you're so fuckin' special,
I wish I was special...

But I'm a creep, I'm a weirdo.
What the hell am I doing here?
I don't belong here,
I don't belong here...

(Creep - Radiohead)

     Ahora que lo blanqueé con vos, puedo pasar a contarlo por acá, para ver si a medida que avanzan las palabras logro que me duela un poco menos todo, para ver si escribiéndolo logro entenderlo, para ver de una vez por todas dejo de ser TAN YO y dejo de rebuscarme por un problema que de por sí, ya se resolvió, aunque en detrimento mío...
     Para empezar quiero decir que fue algo que no buscaba, ni mucho menos me esperaba, jamás imaginé estar escribiendo algo para vos, en estos términos, pero se dio así, y qué se yo, fue lindo mientras duró, aunque ahora desearía que no hubiese ocurrido (y dentro mío sé que me estoy engañando diciendo esto porque fue lo más lindo que me pasó en TANTO tiempo y no, NO me arrepiento.) y a la vez era algo que estaba previsto por todos, aparentemente, menos por mí, que no lo quise ver, al menos no a tiempo...
    Cumplimos una de tantas cosas que siempre quisimos los dos, era lo justo puesto que las dos veces que te había visto EN MI VIDA quien había venido a Argentina habías sido vos; entonces junté la plata como pude -mi vieja me ayudó, mucho- y me subí al barquito que me llevó hacia Montevideo y hacia un nuevo kilombo.
     Era viernes cuando llegué, conocí a tu viejo, me invitaste a cenar y esa noche fuimos a bailar. Me gustaba uno de tus amigos, de hecho, y tuve mi oportunidad con él, y hasta diría que vos me ayudaste a que eso pasara. Esa noche LITERALMENTE dormimos juntos y abrazados como habíamos dicho que haríamos, hasta ahí todo ¿normal? ¿Hasta qué punto es normal estar tan así con tu MEJOR AMIGO?
     El sábado te despertaste antes que yo porque tenías que laburar, hasta hiciste las compras y no quisiste ni despertarme para que te acompañe. Me hiciste el desayuno, y también preparaste el almuerzo, era el día del amigo y estábamos almorzando juntos. Brindamos, no lo podíamos creer.
     Estabas cansado, entonces te mandé a dormir la siesta ni bien terminamos de comer puesto que sino no ibas a aguantar toda la noche, y me quedé limpiando todo para después ir a acostarme a tu lado y abrazarte mientras dormías. Tenés el sueño liviano por lo que te despertaste ni bien me apoyé en el colchón y me obligaste a meterme en la cama (ya que yo estaba entre el acolchado y las sábanas) para así poder abrazarme. Estuvimos hablando por horas, abrazados, juntos, haciéndonos mimos, y hasta cosquillas en una ocasión. Recuerdo que en un momento te estaba dando besitos en la frente, en el cachete (no, definitivamente esto ya no era normal) y entonces me dijiste "No me quieras tanto" "Bueno, si querés te suelto" te respondí, haciéndome la ofendida, y mientras me decías "No, no, no" me abrazabas otra vez. Me mordiste suavemente el cuello y la nariz, y hasta jugaste con la tuya rozando la mía. Me apoyé en tu pecho y sentí que el corazón te latía fuerte, pero nada de todo esto se correspondía con la charla que estábamos teniendo ya que hablábamos de la noche del viernes, y de tu amigo, y esas cosas...
     Y llegó el momento que, no voy a mentir, estaba esperando; porque tanta -y repentina- intimidad despertó a las mariposas que alguna vez habitaron en mi panza y de pronto me encontré a mí misma preguntándome "¿cuándo me va a dar un beso?" Fue con el pretexto de que querías que te diera un beso en el cachete, uno "que no haga ruido", que corriste la cara y me diste un beso. Nuestro primer beso. Me shockeó, tanto que me quedé paralizada y me sonrojé, entonces volviste a darme otro beso, pero esta vez en serio, no un simple pico. Y así estuvimos por un rato, besándonos, en tu cama, en el día del amigo...
     Decidimos dejarlo ahí, no pasar a mayores. Recuerdo que me dijiste burlonamente "¿Qué es esto, estás con mis amigos y conmigo?" (ja, story of my life, sweetie...) y te fuiste a bañar. Me quedé tirada en la cama un rato sin entender nada, y con la mente en blanco, a penas consciente de lo que acababa de pasar (y en algún punto odiando a la Madre Naturaleza por darme ovarios y un período). Te fuiste a hacer las compras mientras yo me preparaba para la noche, y volviste con un bombón Milka para mí. Te sonreí, te abracé y te di un beso -aunque en el cachete- y lo guardé para después. Tomamos un café y al rato salimos para lo de unos amigos tuyos para hacer previa. Caminamos de la mano y del brazo (lo cual mantuvimos todo el fin de semana casi como un hábito), fuimos jodiendo y riendo. Recuerdo que me decías que no me querías y yo te decía que sí lo hacías, que yo lo sabía, y que por eso me regalabas cosas y me llevabas a cenar.
     La noche fue masomenos normal, comimos unas pizzas y tomamos parte del Fernet que te había llevado como regalo. Nos emborrachamos, sí, y recuerdo que en el boliche estuvimos juntos otra vez, sin reparar en que estábamos en público. Uno de nuestros amigos en común incluso nos miró y nos dijo "¿hace cuánto tenía que pasar esto?" nosotros nos reímos, y no recuerdo qué pasó después. También estaba tu amigo, ese que a mí "me gustaba", pero esa noche no estuvimos juntos, tampoco me interesaba. En cierto momento te quejaste -aunque jodiendo- de que no te dejaba hacer nada, supuse que se lo atribuías a que estábamos paseando juntos y del brazo por el boliche, entonces te solté y te dije "hacé lo que quieras", en joda, siempre en joda (seee, en joda...) Y más tarde una pibita te fue a encarar y te la comiste en frente de mí; y el exceso de alcohol y mi propio mambo definitivamente no fueron el mejor cóctel de la noche. Me puse mal, sí, y ni siquiera estaba segura de entender por qué.
     Me senté en el piso, abrazada a mis piernas y con la cabeza hacia abajo; entonces vino otro de tus amigos -a quien acababa de conocer, by the way- a preguntarme qué me pasaba, y ni bien se sentó a mi lado y me pasó el brazo por los hombros, rompí en llanto.
     "Me cambió el mundo cuando me besó esta tarde, es algo que siempre estuvo ahí y nunca lo supe o tal vez no lo quise ver. Y es una mierda todo, porque yo lo re quiero, y es complicado que podamos estar juntos, vivimos lejos y, ES MI MEJOR AMIGO. Y ahora me estalló toda la verdad en la cara, y no tuve ni tiempo para procesarlo, y acá estoy, y no sé qué hacer..." "Se nota que lo querés" -me respondió mi nuevo psicólogo a distancia, como él se auto denominó -"pero no tenés que estar mal, nunca sabés lo que puede llegar a pasar" -terminó; y habrá otras tantas cosas que yo habré dicho y él también, pero que el alcohol me hizo olvidar (no tomo más (???????!??!!?)).
     Nuestra noche de sábado terminó temprano puesto que estabas cansado y yo ya no quería saber más nada de estar rodeada de gente sintiéndome así. Salimos a la calle junto con mi psicólogo y otros tres amigos más, y fuimos caminando en busca de un taxi. Insistías en saber qué me pasaba, íbamos caminado juntos, de la mano, e intentabas apartarme del grupo para que te contara, pero no lo lograste y quedamos en hablar después, cuando estuviéramos solos. Para colmo de males pasaron unos chaboncitos random y les gritaron algo a tus amigos, de hecho uno de ellos se enojó y lo fuimos a buscar para que no se agarrara a las piñas o algo así; pero a nosotros no nos dijeron nada porque "no, éstos son pareja" -fueron sus palabras- "¿Viste? Aguante ser pareja" -me dijiste. Si tan sólo hubieras sabido cuán a salvo me sentía caminando agarrada de tu mano, si tan sólo hubieras sabido todo lo que sentía en ese momento tal vez no lo habrías dicho, ni siquiera esa pelotudez.
     Llegamos a tu casa y quise irme a acostar, pero no me dejaste, me obligaste a contarte qué me pasaba ya que no lograbas adivinar: "¿es por mi amigo?" "No, ¡qué me importa tu amigo!" "Entonces es por mí..." "No, ¿por qué habría de ser por vos?" Me llevaste entonces a la escalera y nos sentamos en la oscuridad. "Dale, contame, ¿qué te pasa?" Y entonces, ROMPÍ EN LLANTO UNA VEZ MÁS.
     Se notaba que no sabías qué hacer, y me contuviste como pudiste. No te culpo, seguramente vos tampoco esperabas que te escupiera semejante verdad en la cara y en medio de un mar de lágrimas. Estuvimos como una hora sentados afuera, de la cual habré llorado la mitad. Te dije que tenía miedo de perderte y de que las cosas cambiaran. Me dijiste que no eras así, que te conocía, que era muy importante para vos, y que querías que fuera tu mejor amiga para toda la vida... Me pediste perdón por lo que había pasado, te pedí que no lo hicieras (entre eso y la friendzone se disputaban el primer puesto en lastimarme más) porque eso significaba que te arrepentías, y no quería que te arrepintieras; entonces me dijiste que no era por eso, sino porque yo estaba mal por vos...
     En determinado momento me harté de estar ahí tirada haciéndote pasar un mal rato y dando lástima por lo que me levanté y, apoyándome contra la pared, te dije "vamos a dormir". Me miraste con detenimiento algunos segundos y me contestaste "qué linda estás" (really? ¿En este estado DEPLORABLE creés eso?) "Mentira" repliqué, e intenté sonreír.
     Esa noche también dormimos juntos, aunque separados. No me abrazaste ni te abracé, ni mucho menos enroscamos nuestras piernas. Antes de que te durmieras te pregunté: "¿por qué me diste ese beso?" Y después de pensarlo me contestaste: "porque sí, porque sos linda, porque te quiero. Porque te quiero y es mi manera de demostrarte que te quiero". No supe qué contestar, y en seguida nos quedamos dormidos.
     El domingo nos levantamos temprano para acompañar a tu viejo a la feria, y nos compramos la misma pulserita para que tengamos siempre los dos. Al mediodía fuimos a almorzar con tu vieja, y además de ella, conocí a tu abuelo, quien me contó una historia hermosa acerca de cómo conoció a quien fue su mujer y lo difícil del noviazgo -y casi me hace llorar cuando bajé la vista y vi que tenía puestas las dos alianzas en su dedo anular-; y a todos tus gatos. Hacía muchísimo frío y estaba empezando a llover por lo que cuando volvimos a tu casa nos acostamos a dormir ya que habíamos dormido poco. Solté algunas lágrimas más, te di un beso en el hombro y pensé -no sé por qué-, antes de dormirme: "¿lograremos estar juntos?" Me desperté porque vos te moviste, agarraste mi mano y la pasaste por debajo de tu brazo, haciéndome abrazarte; y te volviste a dormir agarrado de mi mano. Lo tomé como una respuesta a la pregunta que habíase cruzado por mi cabeza un rato antes, tal vez porque creer eso me hacía feliz en ese momento. Tenía frío, pero no quería soltarte por nada en el mundo.
     Fuimos a cenar con tu viejo, y más tarde te obligué a salir a caminar pese al frío y la llovizna puesto que era mi última noche ahí y nos habíamos pasado casi todo el finde durmiendo. Fuimos -del brazo- a la famosa Rambla Montevideana, nos sentamos un rato en una escalera que había para bajar a la playa y charlamos de la vida, hasta que tuviste mucho frío y seguimos caminando. Te obligué a detenerte otra vez cuando llegamos a otro lugar que se prestaba para sentarse a mirar el horizonte y fui, casi corriendo, ahí y me dispuse a admirar maravillada semejante paisaje. Te sentaste en frente de mí y me mirabas mientras decía cosas como que ese momento era lo más parecido a la felicidad, y que el sonido del agua, y la tranquilidad de ese lugar me hacía olvidar todos los problemas que podía llegar a tener. No sé en qué momento te pusiste detrás de mí y me inclinaste hacia atrás, hacia vos, abrazándome. Hablamos de nosotros, fue muy similar a la charla de la madrugada anterior, aunque algunas de las cosas que me dijiste esta vez me confundieron un poco. Me decías que si me acercaba mucho a vos me ibas a terminar lastimando, a la vez que hablabas de dejarse llevar y que eras muy tímido. No entendía qué estabas insinuando o si siquiera lo que decías tenía algún significado. No obstante en un momento me miraste mirarte y me dijiste "boo... estás queriendo robarme un beso desde hoy" "Si." "No." "¿Por qué no?" "Porque no..." Y entonces me soltaste.
     Nos sentamos frente a frente en plan de aclarar las cosas. Hablamos un buen rato y dijimos que no entendíamos muy bien qué había pasado, que estábamos confundidos. Me dijiste que no querías estar dándome vueltas a mí, porque no se trataba de cualquier persona y no querías hacer eso, no conmigo, y que no estabas en tu mejor momento ya que tenías muy reciente todo lo que había pasado con tu ex... Me pediste dejarlo todo en stand by por el bien de nuestra amistad ya que "siempre cuesta encarar algo nuevo, da miedo, y más ahora que hay mucho en juego" pero te molestaba que yo no pudiera dejarlo así nomás. A mí también me molesta eso de mí, pero soy así.
     Al final de la noche cuando decidimos volver me sentía un poco mejor, y te agradecí por la charla aunque en definitiva estaba agradecida de que fueras como sos, tan parecido a mí en algún punto y que creyeras -como yo- que lo mejor es hablar las cosas, porque cuando se ocultan todo se arruina.
     El momento más triste fue cuando fuimos a tomarnos un café para recuperar un poco de calor -ya que estábamos congelados- y te vi mirarme con una expresión un tanto triste: "¿qué te pasa? Estás muy callado" "Es que ahora te vas..." contestaste. Me diste tanta ternura que no supe qué decir, y en seguida apareció tu viejo para llevarme al puerto.
     La despedida duró menos de lo que yo esperaba puesto que fuimos bastante sobre la hora y porque no me dejaron pasar con un acompañante hasta la puerta del micro que me llevaría al otro puerto donde definitivamente embarcaría hacia Buenos Aires. Llegué a abrazarte y decirte lo mucho que te iba a extrañar, no me dio el tiempo ni para llorar -por un lado mejor-; y ahora con lágrimas en los ojos mientras tipeo, revivo ese momento y ese abrazo que todavía llevo en la piel...
     Te mandé un SMS para decirte algunas cosas que me habían quedado dando vueltas, y releí tu respuesta varias veces. No voy a mentir, lloré todo el camino de vuelta a Buenos Aires y al encontrarme de vuelta acá, en mi ciudad, me sentí una extraña, como si no fuera este mi lugar de pertenencia sino allá, con vos...
     El lunes de mi regreso me pasé todo el día durmiendo, abrazada al peluche que me regalaste cuando viniste a Argentina en abril; no sólo porque había descansado mal durante el viaje sino también porque no quería moverme de la cama, estaba demasiado triste. Cuando esa noche me hablaste al chat diciéndome no "hola" ni nada por el estilo, sino "te extraño", me devolviste las ganas de todo. Y así me volví dependiente de vos para darles sentido a mis días.

     El tiempo se me pasa rápido y demasiado lento a la vez. Volver a casa me sirvió para terminar de entender lo que en verdad me pasa con vos y, al mismo tiempo, para malinterpretar -tal vez- cada cosa que me decías o hacías. Vos me tratabas igual que siempre, pero para mí todo era más especial que de costumbre.

     Volví a entrar en crisis cuando, el sábado pasado, me contaste de tus salidas y de algunas chicas de por ahí. Simplemente no pude soportarlo, sentía una opresión en el pecho y me faltaba el aire. No obstante eso te escuché y te aconsejé como siempre hice, aunque por dentro estuviera muriendo.
     El domingo hablamos por Skype y no dudo de que te habrás dado cuenta de mi reacción cuando tocaste el tema relativo al fin de semana. Perdoname, intenté ocultarlo lo mejor que pude. Quedamos en volver a hablar, sin embargo no supe de vos hasta ayer, momento para el cual ya me había hecho la cabeza y la situación me tenía muy mal. Dormía para no pensar y me despertaba sabiendo que había soñado con vos. Increíble, no tenía forma de escapar a todo esto que me agobiaba.
     Fui y fuiste muy claro cuando volvimos a hablar de nosotros anoche.
     En este momento me odio por ser como soy. Si no hubiera creído que me correspondías, no me habría dejado llevar tanto, haciéndome tan vulnerable a vos. Fue todo muy confuso, y mi juicio está muy comprometido, si, pero ¿qué hay del juicio de las personas ajenas a nosotros que vieron lo mismo que yo? Creo que de tanto joder al final me creí eso que decíamos de que "somos tal para cual" y que algún día nos íbamos a casar...
     Conociéndote como te conozco, creí que te la jugabas más. O será que yo siempre me la juego y espero que los demás también lo hagan por mí, al menos vos. Y tal vez sea eso lo que más me duele. Será que me querés, pero no lo suficiente como para hacerlo, aunque esté convencida de que ese fin de semana que pasamos juntos no sólo me tiró abajo toda la estantería a mí sino que aflojó algunos tornillos de la tuya. Me querés, si, pero no tanto como yo a vos. No tanto como para intentarlo, jugárnosla aunque sea muy complicado.
     A mí volver a casa me sirvió para darme cuenta de lo mucho que te quería, pero a vos, unos días distanciados parecieron producirte el efecto contrario. Te envidio, porque yo ahora no sé qué hacer con todo esto que siento, con todo este amor que despertaste en mí y que es sólo para vos. 
     No te puedo obligar a nada, tampoco quiero. Y no puedo hacer nada para cambiarlo. Te quiero y a fin de cuentas voy a aceptar la decisión que tomaste, aunque no fue la que yo hubiese preferido; porque no puedo romper el vínculo, no puedo vivir sin vos.
     Nunca pude, ahora menos...

Comentarios