Autoboicot
Siempre fui muy perfeccionista, exigente conmigo misma, y un día la cabeza me dijo "no puedo más".
Tras un año entero de cursar de lunes a viernes y laburar de 9 a 18, viajar los fines de semana para ver a mi novio, estudiar, dormir, comer y prácticamente vivir en el tren o en el barco, mi cuerpo me dijo "no puedo más".
Y volvieron las fobias, los miedos, los ataques de pánico, los ataques de angustia.
Creí que al dejar algunas de mis responsabilidades (el trabajo, unas cuantas materias...) iba a mejorar, pero no. Creí que proponerme objetivos cortos, sin aspirar a la perfección, me iba a ayudar a encarar las responsabilidades de otra manera, pero no.
Y así fue como terminé literalmente encerrada en mi casa, tomando varias pastillas por día para poder controlar la ansiedad. Me vi obligada a dejar de pensar en responsabilidades para empezar a pensar en mí.
Mi problema no es mi capacidad, mi problema no es mi exigencia ni mi perfeccionismo al hacer las cosas. Mi problema es no querer lidiar con absolutamente nada que no me genere un remoto placer.
La experiencia laboral de mierda que tuve en un lugar donde me explotaban por dos mangos, en el que la gente no se relacionaba entre sí salvo para contar chismes, en el que se mataban por ser el favorito de los jefes en detrimento de los demás, en el que no podía ni salir de la oficina para ir a comer porque la plata no me alcanzaba y terminaba siempre almorzando sola en el escritorio, en donde no podía ni escuchar música, en donde literalmente sufría (y frecuentemente lloraba) de 9 a 18 y cuando llegaba a mi casa a las 19 hs. (eso si no tenía que ir a cursar hasta las 23 y volver a las 00) el día se había acabado y no había tiempo para mí; gracias si me alcanzaba para darme una ducha, cenar y dormir alrededor de 6hs. a la noche tras hablar con mi novio por Skype unos 30 minutos.
Probablemente hayan sabido apreciar a lo largo de mis reiteradas entradas en este blog la cantidad de problemas que tuve para definir lo que quiero hacer de mi vida. Me resulta irónico (y hasta un poco cómico) que una vez alcanzada esa iluminación, no pueda seguir el camino hacia la luz, hacia mi éxito personal.
Quiero ser traductora, quiero capaz de entender las lenguas, quiero ser capaz de escribir, quiero pintar, quiero dibujar, hacer manualidades, quiero mi propio emprendimiento en el que pueda vender mi arte y recolectar piezas de otros artistas desconocidos para vender también. Quiero publicar un libro.
Pero no puedo. No puedo ir a cursar. No puedo ir al taller. No puedo agarrar un lápiz ni un pincel.
¿Por qué me estoy boicoteando de esta manera?
No quiero volver a caer en la monotonía, no quiero volver a hacer nada que no me haga feliz; lo cual estaría muy bien de no ser que me está frenando antes de empezar cualquier cosa. Esa es mi actual exigencia, y me exijo a tal punto que me impide accionar.
Una vez encontrada la respuesta a la pregunta "¿qué carajo hago con mi vida?" apareció la siguiente: "¿cómo carajo hago para hacer lo que quiero hacer de mi vida?"
It never ends... Tengo que dar el salto, lanzarme al abismo: soltarme y ver qué pasa.
Tras un año entero de cursar de lunes a viernes y laburar de 9 a 18, viajar los fines de semana para ver a mi novio, estudiar, dormir, comer y prácticamente vivir en el tren o en el barco, mi cuerpo me dijo "no puedo más".Y volvieron las fobias, los miedos, los ataques de pánico, los ataques de angustia.
Creí que al dejar algunas de mis responsabilidades (el trabajo, unas cuantas materias...) iba a mejorar, pero no. Creí que proponerme objetivos cortos, sin aspirar a la perfección, me iba a ayudar a encarar las responsabilidades de otra manera, pero no.
Y así fue como terminé literalmente encerrada en mi casa, tomando varias pastillas por día para poder controlar la ansiedad. Me vi obligada a dejar de pensar en responsabilidades para empezar a pensar en mí.
Mi problema no es mi capacidad, mi problema no es mi exigencia ni mi perfeccionismo al hacer las cosas. Mi problema es no querer lidiar con absolutamente nada que no me genere un remoto placer.
La experiencia laboral de mierda que tuve en un lugar donde me explotaban por dos mangos, en el que la gente no se relacionaba entre sí salvo para contar chismes, en el que se mataban por ser el favorito de los jefes en detrimento de los demás, en el que no podía ni salir de la oficina para ir a comer porque la plata no me alcanzaba y terminaba siempre almorzando sola en el escritorio, en donde no podía ni escuchar música, en donde literalmente sufría (y frecuentemente lloraba) de 9 a 18 y cuando llegaba a mi casa a las 19 hs. (eso si no tenía que ir a cursar hasta las 23 y volver a las 00) el día se había acabado y no había tiempo para mí; gracias si me alcanzaba para darme una ducha, cenar y dormir alrededor de 6hs. a la noche tras hablar con mi novio por Skype unos 30 minutos.
Probablemente hayan sabido apreciar a lo largo de mis reiteradas entradas en este blog la cantidad de problemas que tuve para definir lo que quiero hacer de mi vida. Me resulta irónico (y hasta un poco cómico) que una vez alcanzada esa iluminación, no pueda seguir el camino hacia la luz, hacia mi éxito personal.
Quiero ser traductora, quiero capaz de entender las lenguas, quiero ser capaz de escribir, quiero pintar, quiero dibujar, hacer manualidades, quiero mi propio emprendimiento en el que pueda vender mi arte y recolectar piezas de otros artistas desconocidos para vender también. Quiero publicar un libro.
Pero no puedo. No puedo ir a cursar. No puedo ir al taller. No puedo agarrar un lápiz ni un pincel.
¿Por qué me estoy boicoteando de esta manera?
Miedo. Miedo. Miedo. Miedo.
No quiero volver a caer en la monotonía, no quiero volver a hacer nada que no me haga feliz; lo cual estaría muy bien de no ser que me está frenando antes de empezar cualquier cosa. Esa es mi actual exigencia, y me exijo a tal punto que me impide accionar.
Una vez encontrada la respuesta a la pregunta "¿qué carajo hago con mi vida?" apareció la siguiente: "¿cómo carajo hago para hacer lo que quiero hacer de mi vida?"
It never ends... Tengo que dar el salto, lanzarme al abismo: soltarme y ver qué pasa.
No sé por dónde empezar...
Comentarios
Publicar un comentario