Mi historia con el amor
Acaba de volver mi novio a Montevideo y acá estoy, repasando mis últimos instantes con él mentalmente. Pongo música, Amy Winehouse, mi más reciente (y tardío) descubrimiento. Pienso, pienso sobre mi vida, sobre todo lo que he vivido, pienso sobre la depresión que estoy pasando, pienso en lo que vendrá, pienso en todo lo que he aprendido en tan poco tiempo, pienso en el amor...
Tengo sólo 20 años y serán 21 el 29 de este mes, pero créanme cuando les digo que soy un alma vieja, que vine a esta vida a evolucionar como pocos.
Tenía sólo 11 años cuando me di mi primer beso. Malísimo, como el de la mayoría de las personas que conozco. A los 12 mi "noviecito" me metió los cuernos, y lloré, lloré como nunca. Pensé que la vida terminaba, que nunca iba a volver a "amar". Qué ingenua fui al culpar al amor de esa manera, qué ilusa fui al creer que eso era el amor.
A los 14 me puse de novia por primera vez. Él era el chico ideal: el lindo, el deportista, el de los ojos grises, ese que les gustaba a todas en su colegio y que en el mío no podían delucidar qué había logrado que viera en mí. Fui feliz. Amé por primera vez. Con él dejé a un lado mis miedos y me entregué por primera vez en cuerpo y alma; luego perdí la cabeza cuando nuestra relación hubo terminado, pero con los años he llegado a recordarlo con cariño y respeto, he llegado a cruzármelo por la calle y mirarlo con una sonrisa, en honor a los viejos tiempos. Con él me equivoqué como nunca, no sabía tratar a las personas, no sabía recibir amor; pero mi lección sobre eso vendría más tarde.
A los 16 empezó una etapa de autodestrucción que duró hasta casi los 19. Creo que como el pseudo-tumor cerebral que tuve a esa edad no me mató, me dispuse a intentarlo involuntariamente. Y mientras consumía alcohol y otros estupefacientes sólo para olvidarme de todo, para vivir en una realidad alternativa, en una felicidad ficticia, también estaba aprendiendo mucho, aunque me daría cuenta después.
"Without girls like you, there'd be no fun, we'd go to the club and not see anyone. Without girls like you, there's no nightlife, all those men just go home to their wives". Canta Amy, y pienso. Pienso en todos esos hombres que me trataron como nada, cuyos besos necesitaba para sentirme realizada, con más autoestima. Todos esos hombres que me trataban como una putita por estar viviendo mi vida como quería en ese momento, por estar juntando experiencias, porque me gustaba salir en citas y con más de un "chongo" a la par, por estar descubriéndome, divirtiéndome y aprendiendo a entenderme.
Tengo sólo 20 años y serán 21 el 29 de este mes, pero créanme cuando les digo que soy un alma vieja, que vine a esta vida a evolucionar como pocos.
Tenía sólo 11 años cuando me di mi primer beso. Malísimo, como el de la mayoría de las personas que conozco. A los 12 mi "noviecito" me metió los cuernos, y lloré, lloré como nunca. Pensé que la vida terminaba, que nunca iba a volver a "amar". Qué ingenua fui al culpar al amor de esa manera, qué ilusa fui al creer que eso era el amor.
A los 14 me puse de novia por primera vez. Él era el chico ideal: el lindo, el deportista, el de los ojos grises, ese que les gustaba a todas en su colegio y que en el mío no podían delucidar qué había logrado que viera en mí. Fui feliz. Amé por primera vez. Con él dejé a un lado mis miedos y me entregué por primera vez en cuerpo y alma; luego perdí la cabeza cuando nuestra relación hubo terminado, pero con los años he llegado a recordarlo con cariño y respeto, he llegado a cruzármelo por la calle y mirarlo con una sonrisa, en honor a los viejos tiempos. Con él me equivoqué como nunca, no sabía tratar a las personas, no sabía recibir amor; pero mi lección sobre eso vendría más tarde.
A los 16 empezó una etapa de autodestrucción que duró hasta casi los 19. Creo que como el pseudo-tumor cerebral que tuve a esa edad no me mató, me dispuse a intentarlo involuntariamente. Y mientras consumía alcohol y otros estupefacientes sólo para olvidarme de todo, para vivir en una realidad alternativa, en una felicidad ficticia, también estaba aprendiendo mucho, aunque me daría cuenta después.
"Without girls like you, there'd be no fun, we'd go to the club and not see anyone. Without girls like you, there's no nightlife, all those men just go home to their wives". Canta Amy, y pienso. Pienso en todos esos hombres que me trataron como nada, cuyos besos necesitaba para sentirme realizada, con más autoestima. Todos esos hombres que me trataban como una putita por estar viviendo mi vida como quería en ese momento, por estar juntando experiencias, porque me gustaba salir en citas y con más de un "chongo" a la par, por estar descubriéndome, divirtiéndome y aprendiendo a entenderme.
No fue su culpa, son hijos del patriarcado, como también lo era yo y mis amigas en aquel momento y eso me llevaba a creer que lo que hacía era lo que tenía que hacer para "vivir la adolescencia como correspondía" y que me merecía la reputación que tenía.
A los 17 llegó él, a quien a lo largo de largas entradas en este blog apodé como "El hijo de puta" (sin saber que el insulto es sexista) por su capacidad de manipularme a su voluntad, por su capacidad de jugar con mis sentimientos para tenerme a su merced.
Dos o tres salidas por mes (con suerte) mucho vodka, sexo casual y a la mañana siguiente todo se olvidaba. Y yo, durante la semana, esperaba algún mensaje, y si lo recibía, esperaba una invitación a salir, y si salíamos, esperaba que derrapara, que me dijera que me quería al menos un poco. Sólo una noche lo hizo, y luego vomitó todo el alcohol que habíamos consumido horas antes. No sabía recibir amor porque tampoco sabía amarme a mí misma, si lo hubiera hecho, me habría marchado de su lado mucho tiempo antes del que realmente me llevó hacerlo.
Por este hecho, esta "pseudo relación" sufrí otra vez el desprecio (de mis compañeras de colegio especialmente) tratándome de cualquiera por salir con un chabón más grande y por tener relaciones con él sin casi conocerlo. A ellas les cuento que con él ¿salí? dos años y medio de mi vida. En algún punto siento que eso fue envidia porque, de nuevo, él era lindo, deportista, morocho, ojos claros... Y yo tenía acné y no estaba en los estándares de peso "adecuados" para esta sociedad, mi pelo era feo y demás etcéteras. Creo que en algún punto no lograban entender cómo lograba salir con quienes salía. Yo tampoco lo entiendo.
En simultáneo, a los 18, tuve un enamoramiento fugaz para con mi mejor amigo. No sé qué fue. Él vive en Montevideo, me quedé en su casa unos días (primera vez que viajaba sola al exterior) y simplemente pasaron unos cuantos besos. Quizás era algo que tenía que pasar, no lo sé. Quizás TANTO cariño mutuo se malinterpretó (porque, de verdad, no podría vivir en un mundo sin mi mejor amigo) y pasó eso. Creí que lo amaba, creí que era mi chico ideal, como una película de Hollywood: dos amigos que se enamoran y viven felices por siempre. Pero no, el amor estaba más cerca de lo que yo creía, sólo que no era él. Sin embargo elegí no quererme y seguir mendigando amor donde no había nada para mí mas que un cálido cariño de una amistad que tiene ya casi 10 años.
Y en medio de todo este kilombo, una relación fugaz y casual (necesito remarcar esto porque nunca fuimos novios aunque él creyó que sí) con una persona que tuvo el infortunio de enamorarse de mí cuando yo sólo trataba de "olvidar" lo ocurrido con mi mejor amigo mientras me divertía jugando a dos puntas con "El hijo de puta" corriendo a vernos a escondidas, fingiendo salidas con amigas para terminar en algún bar de mala muerte con él y luego en la cama. Y necesito remarcar además que fue tanto mi culpa como la de él, porque en esa época "El hijo de puta" me juraba amor e interés, y yo me dejaba llevar porque me encantaba que me dijera lo que hacía tanto tiempo quería escuchar.
Tuve la suficiente decencia como para terminar esa relación parche, ficticia y volver a mi soledad en la que no lastimaba a nadie, porque jamás quise lastimar a nadie ni despreciar a nadie como han hecho conmigo a lo largo de mi vida. "El hijo de puta" perdió el interés porque lo nuestro dejó de ser un juego, pero entonces apareció en escena mi Gran Amor y todo cambió.
Todo cambió porque la influencia de "El hijo de puta" dejó de tener efecto en mí. Porque todos esos hombres que me escribían para salir y tenerme sólo por una noche habían dejado de interesarme, porque ya no me divertía salir en citas con personas que me hacían sentir vacía. Porque con él, pese a lo complicado que fue empezar nuestra relación debido a la distancia (también vive en Montevideo) aprendí a amarme a mí misma, a valorarme y por ende pude entregarme en cuerpo y alma y darle todo mi amor. Todo cambió porque maduré, crecí muchísimo y aprendí el valor del cariño humano y el significado verdadero del amor.
Aprendí que amarse no es vivir entre algodones, citas y risas, que no es vivir en la cama meramente víctimas de un sexo espectacular. Amy sigue cantando: "...and I'll save my tears for uncovering my fears" y pienso: eso es amor, no derramar ni una sola lágrima por la persona amada, sino llorar juntos, sostenerse las manos en momentos difíciles, hacer sacrificios y hermosos regalos y sorpresas, dormir juntos, soñar juntos, ver la tele juntos, comer y divertirse tanto como en un parque de diversiones. Es tener una mano amiga, un compañero con el que siempre contar. Es caminar junto a la persona que te ayuda a crecer, madurar, enfrentar tus problemas y tu vida. Es descubrirse juntos, es desenterrar los peores miedos, lo peor de nuestro carácter, ser como somos realmente, sin tapujos, y saber que la otra persona va a seguir ahí, al pie del cañón. Es ser felices desde adentro, sin necesidad de nada que lo provoque externamente.
Y así nuestra relación no durara toda la vida como espero que lo haga, él va a seguir siendo mi Gran Amor por siempre, y siempre va a haber una parte de mi corazón que le pertenezca; porque él me enseñó a amarme y a recibir amor, a ser considerada y valorar cada muestra de afecto que viene de los de afuera, sean amigos, familia o gente random por la vida. Me enseñó a valorarme lo suficiente como para saber dónde quedarme y de dónde irme, me enseñó a no mendigar afecto donde no lo hay.
Porque en definitiva me enseñó a amar, a ser libre y feliz. Y eso es el amor.
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