Depresión II

     Qué sé yo. Me imagino a la depresión como un monstruo. Un monstruo gigante que se alimenta de nuestros miedos; y entonces viene todo lo demás: ansiedad, angustia, ira, paranoia, encierro...
     Me la imagino como un monstruo gigante y negro que te agarra por la espalda, traicionándote, y te tapa tanto los ojos como la boca. No podés respirar, no podés hablar, no podés ver la realidad que te rodea.
     Este monstruo después de un tiempo se apodera de tu cuerpo y te utiliza como si fueras una marioneta, estás librado completamente a su azar. Hace lo que quiere con vos, con tu vida, con tu cuerpo. Te aleja del mundo, complota en contra de los demás, te deja solo, afuera: necesita tu alma, tu energía; te consume por dentro para seguir creciendo hasta ocupar cada rincón de tu vida.

     Pero, como todo monstruo, aparece en la oscuridad, cuando estamos solos e indefensos.

     Qué sé yo. Este monstruo se olvidó de que dentro de mí convive más de una persona y que mi energía es muy grande. Es hora de desandar lo andado, de recuperar mi vida.

     Llegó la hora de que te vayas.

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