Una conversación que jamás tuvo lugar

     ¿¡Y qué esperabas que hiciera!? —casi le grité, exasperada—. Te fuiste, desapareciste, nunca cumpliste tu promesa, jamás supe que habías vuelto, que estabas a salvo... La vida no hizo más que empujarme hacia adelante, no pude evitar seguir.
      » Aún confío en nuestro reencuentro, aunque no niego que tu accionar lo hace cada vez más y más lejano.

     No pudo hacer más que quedarse en silencio, la cabeza gacha, los ojos llenos de dolor y lágrimas, esa expresión de frustración que conozco tan bien...
     Y asentir.

Comentarios