Despertares

      Abrís el armario como el que soñamos hace un rato compartir en Budapest y del mismo sacás una campera de cuero ligera. Afuera hace frío, mucho frío, pero lo negás mientras bajamos la escalera. La excusa es tener hambre, querer salir a comprar, pero mientras te veo alejarte por el retrovisor creo que tu único motivo para estar en la calle en una noche tan fría como ésta es volver a congelar tu corazón, ya derretido por la inmersión en el mío, en mi cuerpo, en mis ganas...

     ¿Por qué no me dejás ser quien calme tu apetito desesperado de amor?

     Arriba te espera tu compañero fiel, pero ambos sabemos que su calor no es el mío. Hace un rato me prometiste que serías como el mago de la canción que vela por el amor de su dulce hada si yo así lo quería.

     Ya lo dijo Borges: la literatura no es más que un sueño dirigido; y esta noche mi sueño me dirigió hacia vos, hacia tu cuerpo, tus labios, tus besos. Esta noche mis sueños me dirigieron a un mundo en el que hacíamos el amor y, disfrazado de un "me da igual lo que decidas hacer", me pedías a gritos que me quede un instante más con vos.

     Abro mis ojos: no entiendo en qué momento venció el sueño; hacía tanto no dormía tan bien como dormí anoche a tu lado. El peso de la literatura cayó sobre mí como un baldazo de agua fría: me tengo que levantar, muy conciente de que todavía no quiero dejar de soñar con vos.

     El hambre y la sed hacen rugir a mi estómago y me encuentro retorcida vomitando estas palabras. Por mucho que lo intente nada calma esta voracidad de quererte y desear estar aún enroscada entre tus piernas. Maldito el reloj que avanza sin piedad. Tu imagen todavía me acompaña, pero hace ya un rato te estoy extrañando.

     Cierro los ojos en un anhelo de volver a mi sueño, de volver a tus labios acariciando mi cuello. Oigo el tic-tac cada vez más fuerte.

     ¿Qué estarás soñando?

     Me toca despertar.

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