De amor y cobardía

The world was on fire and no one could save me but you,
It's strange what desire will make foolish people do.
And I never dreamed that I'd meet somebody like you,
and I'd never dreamed that I'd lose somebody like you...

(...)

What a wicked game to play
to make me feel this way.
What a wicked thing to do
to let me dream of you.

What a wicked thing to say 
"you never felt this way"
What a wicked thing to do 
to make me dream of you.


Wicked game - Chris Isaak


     Ayer me desperté feliz, ¿o acaso fue antes de ayer? Ya no sé con seguridad cómo pasan los días, estoy más allá de todo esto, estoy literalmente muerta en vida.
     Recuerdo que esa mañana me revolví en la cama para encontrarme con tus pies, con los ojos aún cerrados recorrí tu costado y me abracé a vos, hundiendo mi cabeza en tu pecho: vos me encerraste entre tus brazos y con mi nariz recorrí tu barba, luego con mis labios te di unos besos... Pero cuando abrí los ojos no estabas ahí, así como yo ahora no estoy acá.
     Estabas mirando el techo fijamente, con expresión seria, una que conozco muy bien. Las cosas no estaban bien, no sabía por qué, pero en el transcurso de la madrugada dejaron de estarlo.
     Lo próximo que recuerdo fue vestirme a toda velocidad mientras guardaba mis cosas con ira en mi mochila. Te gritaba, no sé qué te gritaba pero lo hacía. Y tiré todo, todo lo que no quería de vos, me llevé todo lo que no quería que tuvieras de mí. Caminé enojada sin rumbo y terminamos en la puerta del edificio donde te deshiciste en excusas, entonces te pegué un cachetazo, el primero que di en mi vida, y no estoy orgullosa, pero no puedo negar que se sintió bien, desconcertarte como vos a mí.
     Te amenacé. Te dije que todo lo que me pasara de ahí en más iba a ser tu culpa, y que cuando me cortara las venas iba a escribir tu nombre con mi sangre para que no olvides nunca que me habías dejado caer una vez más. Y me fui, ignorando tu pedido 'Cuidate', como si te importara todavía algo de mí...

     Son increíbles la cantidad de cosas absurdas que uno puede llegar a pensar cuando tiene decidido que ese día va a ser el último de su vida. Leí una vez a alguien que decía que los colores le parecían más intensos, que la música la estimulaba todavía más... Pero no, el sol brillaba esa tarde y lo único que yo veía era un sendero gris por el que caminaba, aturdida por el silencio, hacia mi inevitable destino: la soledad.
     Me acordé de una tarde en el velorio de uno de esos parientes que uno no sabe bien que tiene, y me acordé de una historia. Mi tía abuela solía vivir acá en Argentina, mucho antes de que yo naciera. Ella es mi persona favorita en este mundo y nunca se lo pude decir, y aunque la llamara a Italia y se lo dijera en este momento, creo que no sabría quién soy...
     Ella tenía un novio cuando vivía acá, pero sus padres decidieron que como tres de sus hermanas se habían casado con los otros tres hermanos de este muchacho, ella no podía casarse con él. Las desventajas de ser la menor, supongo. Las desventajas de vivir a la merced de los deseos de quienes te dan la vida pero no te dejan vivirla...
     No tuvo más opción que subir a ese barco que la llevaba a Italia y la alejaba de todo y de todos. O sí la tenía, pero no se animaba a hacerlo, y no la culpo, eran otros tiempos. Él fue a buscarla al puerto, a rogarle que se quedara, intentó con todas sus fuerzas, le prometió el cielo y la tierra (y estoy segura de que habría podido dárselos), pero nada era suficiente para los padres de ella. Y se subió al barco, y ese amor murió ahí, en ese muelle desolado.

     Una parte de mí quedó en ese muelle al escuchar esa historia. Y una parte de mí murió en esa calle cuando te oí cerrar la puerta detrás de mí y no regresaste a buscarme, quizás nunca más.

     Tenía el cuchillo en las manos cuando sonó el timbre de mi casa esa tarde. Fue lo más cerca que estuve de intentarlo. No pude, el estridente sonido me sobresaltó y tiré todo, ordenándolo luego rápidamente para no dejar rastros. En ningún momento dejé de pensar en vos mientras me movía de un lado a otro en modo automático. Tus brazos, tu cuerpo que me enloquece, tus ojos chiquitos, las cejas despeinadas, tus labios gruesos, tu sonrisa perfecta, tu nariz pequeña pero ancha, esos rulos que por mucho que los cortes no quieren hacer tu voluntad. Y tu voz, tu risa, todas las cosas maravillosas que me dijiste, cada "Te amo" que guardo a fuego en mi corazón...

     Mentiría si dijera que no te amo, porque te amo más que a mi propia vida. Pero te odio, te odio porque lo intenté todo y no fue suficiente. Te odio porque no puedo morir en paz si sé que eso implica no verte nunca más. Te odio con todo el fuego y la pasión con que te amo.

     Escuché muchas frases estos días: "todo es posible mientras haya vida" fue una de ellas. ¿Será posible, entonces, que dejes tu cobardía, tus prejuicios impuestos y miles de cosas de las que no debo tener la menor idea, por volver a mí?

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