Gusanos
Los gusanos anestesian al animal que se están comiendo vivo, así si bien éste sabe que algo no está bien, no sospecha de tan vil pero necesaria acción. Me gusta pensar que los gusanos lo hacen para sobrevivir, sin la menor idea del daño que efectivamente están haciendo, pero vos...
Me anestesiás los oídos con palabras dulces, con todo eso que siempre quise escuchar. Tu expresión te delata, sé que algo no está bien. Pero tus ojos, esos ojos que amo, y tu cuerpo del que siempre termino esclava me llevan a pensar que estoy alucinando, puesto que es en tus palabras -y en tu inocencia- en lo que quiero creer.
Una vez más termino sangrante, en pedazos. Una vez más me arriesgo por cinco minutos a tu lado sabiendo que tengo todas las de perder. Una vez más dejo que me consumas despacio: soy tu presa conciente y no quiero escapar de mi lugar en la cruel cadena alimenticia.
Entonces te vas, como si en un arrebato de conciencia los gusanos se dieran cuenta de que, por mucho que lo necesiten, alimentarse de un cuerpo vivo está mal. Entonces tomo conciencia, limpio mis heridas y juro nunca más someterme a tu manera de actuar tan hostil.
Entonces, si tengo suerte, logro pasar unos días sin pensar en vos; pero entonces otra persona me acaricia en un intento de sanar mis heridas y mi piel recuerda que no sos vos, que no son tus manos, que no es tu cuerpo el que me poseé de forma tan vil, matándome desde adentro, consumiéndome el alma...
Entonces, con lágrimas en los ojos, admito que volvería a dejarme morir por tan sólo cinco minutos más con vos.
Me anestesiás los oídos con palabras dulces, con todo eso que siempre quise escuchar. Tu expresión te delata, sé que algo no está bien. Pero tus ojos, esos ojos que amo, y tu cuerpo del que siempre termino esclava me llevan a pensar que estoy alucinando, puesto que es en tus palabras -y en tu inocencia- en lo que quiero creer.
Una vez más termino sangrante, en pedazos. Una vez más me arriesgo por cinco minutos a tu lado sabiendo que tengo todas las de perder. Una vez más dejo que me consumas despacio: soy tu presa conciente y no quiero escapar de mi lugar en la cruel cadena alimenticia.
Entonces te vas, como si en un arrebato de conciencia los gusanos se dieran cuenta de que, por mucho que lo necesiten, alimentarse de un cuerpo vivo está mal. Entonces tomo conciencia, limpio mis heridas y juro nunca más someterme a tu manera de actuar tan hostil.
Entonces, si tengo suerte, logro pasar unos días sin pensar en vos; pero entonces otra persona me acaricia en un intento de sanar mis heridas y mi piel recuerda que no sos vos, que no son tus manos, que no es tu cuerpo el que me poseé de forma tan vil, matándome desde adentro, consumiéndome el alma...
Entonces, con lágrimas en los ojos, admito que volvería a dejarme morir por tan sólo cinco minutos más con vos.
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