Ausencias
Estar solo. Estar acompañado y sentirse solo. Estar solo y sentirse solo.
La soledad tiene miles de formas de caminar entre nosotros. Pese a su connotación negativa no siempre es mala, pero no es fácil, no todos sabemos estar con nosotros mismos, no todos estamos listos para conocernos en profundidad; entonces tratamos de llenar los huecos con cosas, actividades, a veces hasta con personas...
Mi vida estuvo marcada por ausencias desde que tengo uso de razón. Mi papá nos abandonó y mi mamá trabajaba todo el día para mantenernos a mi hermana y a mí. Estaba mi abuela, mi ángel, pero no era lo mismo. Ella me cuidaba mientras yo me tiraba en un sillón a mirar la tele y llorar en silencio las ausencias de mis padres, completamente ensimismada.
Poco supe de lo que era ver a mamá emocionada en un acto escolar, nunca mi papá me pasó a buscar por el colegio para llevarme a pasear... Y yo iba creciendo sola.
Mis compañeritas de primaria y jardín (muy pocas, estrechar lazos con alguien me resultaba casi imposible) se compadecían de mí y "me prestaban" a sus papás para todas esas cosas que hacen en el colegio que involucran a los padres de manera que los hijos vayan adaptándose a estar sin ellos de a poco; pero yo ya había aprendido eso a la fuerza, y viéndolo en retrospectiva creo que hasta sentía un poco de lástima por mí misma.
Crecer y empezar a relacionarme con el mundo no fue fácil. No sé confiar en las personas, tengo miedo de encariñarme demasiado y que después me abandonen. Soy un libro abierto, pero al mismo tiempo no puedo dejar que las personas terminen de llegar a mí, porque todo tiene su ciclo y eventualmente van a tener que partir, y por mucho que lo entienda no lo puedo aceptar.
Lamentablemente hoy escribo porque descubro en mí misma que todas mis relaciones amorosas repiten este mismo patrón: están llenas de ausencias.
Amé a pocos hombres en mi vida a los cuales, de forma casi masoquista, me entregué en cuerpo y alma. Soy así, lo doy todo por los demás, y aunque entienda que por dar no debo esperar nada a cambio, no puedo evitar sentir la frustración de no recibir una mínima parte de lo que doy.
No soy una persona fácil, y mucho menos desde que empezó mi depresión. Necesito compañía y atención casi constante. He atravesado momentos más que difíciles sola, desde la muerte de mi abuela hasta casi la mía propia, pero es la primera vez en mi vida que no quiero estar sola, que quiero que alguien esté ahí para agarrarme la mano cuando salga del pozo en el que estoy (porque sé que nadie puede sacarme salvo yo misma), una mano amiga que me alcance un mate mientras junto las fuerzas para seguir subiendo.
Estoy enamorada, y por Dios que nunca me sentí así, tan en las nubes. Sin embargo él no está para mí porque necesita aprender a estar solo (qué ironía). Tampoco estuvo mi ex, porque vivía en Montevideo, y así también con los anteriores... Las circunstancias cambian, las ausencias permanecen.
¿Acaso estoy condenada a estar sola? ¿A darlo todo por un mundo que no me devuelve una décima parte de lo que doy? ¿A qué estoy entregando mi alma?
Tengo un nudo en la garganta y no me queda más que desahogarlo a solas en mi habitación. Ya no sé cuánto tiempo más pueda aguantar esta situación...
Comentarios
Publicar un comentario