Llover
A veces el cielo no se contiene y entonces llueve. Llueve para limpiar todo el mal, todo el aire enviciado, todo lo que duele.
A veces el cielo no se contiene y hace catarsis. Y llueve, llueve como nunca, llueve más o llueve menos, según cuánto duela.
A veces el cielo no se contiene y hace catarsis. Y llueve, llueve como nunca, llueve más o llueve menos, según cuánto duela.
Hoy me encontré a mí misma bajo un cielo gris, y tras un sonido de quiebre, el agua empezó a caer; también empezó a llover en mi corazón, que tras un rugido de dolor no pudo contener las lágrimas que rodaron lentamente por mis mejillas.
Y lloví.
Lloví, lloré... Lloré por todo. Lloré por mí, lloré por él, lloré porque extraño, lloré lo que terminó, lloré la emoción de lo que empezó. Lloré por la vida y sus constantes cambios, lloré por mi escasa capacidad de adaptación.
Lloré porque necesitaba purgarme.
Lloré porque necesitaba sacar todo lo que me consume por dentro...
Lloré porque necesitaba purgarme.
Lloré porque necesitaba sacar todo lo que me consume por dentro...
Escucho nuevamente el sonido de un trueno: parece que no he terminado de sanar.
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